Si hay una comida que me transporta, como a Anton Ego en aquella famosa y conmovedora escena de Ratatouille cuando prueba el plato que le da nombre a la película y regresa a su infancia con boca abierta de asombro, es este plato. La lengua guisada que hacía tu Nonna y luego tu Ita, siempre acompañado de polenta, es de las cosas más sabrosas que he probado en mi vida y uno de mis favoritos para la eternidad. Por supuesto al morir tu Nonna y ante la falta de cariño de tu Ita a la cocina, más habernos ido del país, no lo volví a comer en mucho tiempo porque no sabía hacerlo; pero me decidí a rescatar esta receta y lo logré, para fortuna de ambas ya que a tí te encanta desde que eras bebé. Uno de sus secretos es su sencillez, tu Nonna usaba pocos ingredientes y en poca cantidad, pero lograba una sutileza y armonía de sabores que pocas veces he conseguido en otros lugares. La Nonna de verdad tenía magia en sus manos, y como amaba sus manos calientes y suaves, me hacen mucha falta. Sin más:
- 2 Kg de Lengua previamente cocida.
- 1 tomate.
- 1 pimentón rojo.
- 3 dientes de ajo.
- Perejil picado, una o dos cucharadas.
- 1/2 zanahoria mediana.
- El caldo donde se cocinó la lengua.
- Sal.
Todas las verduras se cortan en cuadritos muy pequeños y se sofríen en una olla para guisos, cuando ablandan se colocan las rodajas de lengua y se sofríen unos 4 minutos más. Se añade el caldo hasta que apenas cubra la lengua, al caldo se le debe quitar previamente la capa de grasa que se forma en la parte superior con el reposo, y únicamente se coloca como aderezo sal al gusto. Se baja el fuego y se tapa hasta que se reduzca el caldo y se convierta en una salsa propia de un guiso, esta no debe quedar en exceso espesa y se debe evitar que se pegue al fondo de la olla.
Esta lengua guisada se sirve con un trozo polenta.
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